“La soledad está interpelando a la ciudadanía”, L. Coll

Laura Coll

Laura Coll-Planas es licenciada en Medicina por la Universitat de Barcelona y doctora en Salud Pública por la Universitat Autònoma de Barcelona. Su tesis doctoral lleva por título "Soledad, apoyo social y participación de las personas mayores desde una perspectiva de la salud". Después de siete años en Alemania combinando la investigación y la clínica en el ámbito de la geriatría, se incorpora al Institut de l'Envelliment de la UAB, actualmente Fundació Salut i Envelliment UAB (FSIE). Desde la FSIE ha participado, coordinado y dirigido proyectos en envejecimiento de ámbito regional y europeo. Su pasión por la investigación en y con personas mayores son las intervenciones complejas desde una perspectiva biopsicosocial y combinando metodologías cuantitativas y cualitativas. Recientemente, ha sido una de las investigadoras principales del proyecto Recercaixa Aequalis, y es la coordinadora científica del proyecto Sitless, financiado en el marco del programa Horizon 2020 de la Comisión Europea. Además, des del 2018 es profesora asociada del Departamento de Ciencias Sociales y Salud Comunitaria de la Facultad de Ciencias de la Salud y el Bienestar de la Universitat de Vic-Universitat Central de Catalunya.

 

Cada vez se habla más de la soledad y lo celebramos. Ha pasado de ser un tema reservado a la esfera de intimidad de la persona para entrar en la agenda social y política. Pero que las “buenas relaciones sociales” generan salud, y que “la soledad mata” es algo que ya se sabía.  ¿Qué ha sucedido?

Hace muchísimos años que este tema está estudiado. De hecho, ya en el año 1988, la revista Science publicó el artículo “Social Relationships and Health”. Realmente es muy interesante ver cómo, aunque desde la ciencia trabajamos para crear evidencias científicas, hay temas que no ocupan el espacio público hasta que no hay un interés político o social detrás. En el caso de España, el tema ha entrado en la agenda por la noticia de la creación de un Ministerio de la Soledad en Gran Bretaña. Creo que este ha sido, al menos, uno de los elementos clave. Otra posible explicación habría que buscarla en nuestra vida cotidiana: la soledad está interpelando a la ciudadanía. Por ejemplo, el diario ARA entrevistó a James Lubben, un experto que desarrolló una de las escalas más importantes para medir la red social de una persona. Con este tipo de entrevistas, las personas a pie de calle también se preguntan sobre sus relaciones sociales y toman contacto con el tema.

 

En el caso de España, el tema ha entrado en la agenda por la noticia de la creación de un Ministerio de la Soledad en Gran Bretaña.

 

En lo que se refiere a la intervención en soledad, la mayoría de autores están de acuerdo en que nos faltan datos. Falta evidencia empírica. Para ello, sería necesario hacer uso de instrumentos válidos que nos permitan evaluarla o medirla. Existen algunos, tales como la escala UCLA, la “de Jong Gierveld” o la ESTE. Según tu experiencia y opinión, ¿siguen siendo válidos hoy en día? ¿O necesitamos construir otros?

La soledad es un fenómeno complejo y no disponemos de herramientas perfectas. Disponemos de algunos test muy conocidos, pero con sus limitaciones. También es necesario decir que todavía hoy, en el ámbito de la investigación se utilizan los conceptos ‘aislamiento social’ y ‘soledad’ como si fueran sinónimos intercambiables, a la vez que se confunden las nociones de ‘red social’, ‘relaciones sociales’ o ‘apoyo’. Hay tantos elementos a tener en cuenta, distintos pero relacionados entre sí, que difícilmente pueden recogerse en un solo test.

El ensayo clínico más robusto, sólido y científicamente más bien hecho hasta ahora, sobre una intervención en soledad se llama “Círculo de amigos” y se hizo en Finlandia. A pesar de que lograron detectar mejoras significativas en calidad de vida, disminución de la mortalidad, del uso de servicios de salud y de los costes sanitarios entre las personas que recibían la intervención, al compararlas con las que no, no detectaron impactos  en la soledad en sí. Por este motivo concluyeron que probablemente había una limitación en el test utilizado (la escala de soledad UCLA, muy utilizada y reconocida internacionalmente). Este estudio, tremendamente riguroso, nos pone de manifiesto un problema grave, ya que por muy rigurosos que queramos ser, nos pueden fallar las herramientas. Precisamente porque es un sentimiento subjetivo y muy complejo, recomendaría complementar los resultados del cuestionario con resultados obtenidos a partir de otras técnicas basadas en metodología cualitativa, como entrevistas en profundidad o grupos focales, para entender mejor el fenómeno y complementar la evaluación de este tipo de intervenciones.

 

Todavía hoy, en el ámbito de la investigación se utilizan los conceptos ‘aislamiento social’ y ‘soledad’ como si fueran sinónimos intercambiables

 

Cuanto mayor es el capital social de una comunidad menos solas se sienten las personas mayores. ¿Cómo explicas esta relación causal?

Hay distintas definiciones de capital social. Según Robert Putman, podemos entender el capital social como “las características de la organización social, tales como las redes, las normas y la confianza, que facilitan la coordinación y la cooperación para un beneficio mutuo” (Putnam, 1995a: 67). Además, define dos grandes dominios de capital social. Por un lado,  el capital social estructural, que incluye aspectos objetivos como la participación social y la cantidad de contactos, estos están relacionados con la soledad hasta cierto punto, porque no necesariamente tener muchos contactos  conlleva que la función de estos contactos sea la que la persona desea. Y, por otro lado, está el capital social subjetivo, en el cual entra “el apoyo social percibido”, que sería la otra cara de la moneda de la soledad, es decir, si percibes que tienes el apoyo social que deseas, no te  sientes sola.

El capital social subjetivo  también incluye otros aspectos como, por ejemplo, la confianza en los demás o el nivel de seguridad ciudadana percibida a escala comunitaria. En países del Norte de Europa, estos valores gozan de buenos resultados, y cuanto más altos son estos indicadores, menor es el sentimiento de soledad. Es cierto que estos países del  Norte tienen una sociedad más individualista, pero también es importante tener en cuenta cómo el capital social influye en la soledad. Si tú vives sola en tu piso, pero sabes que tus vecinos te van a ayudar, probablemente te sientas menos sola que si piensas que es mejor no abrir la puerta a nadie porque te van a engañar. Esta percepción facilita el aislamiento y también la soledad. Es muy interesante ver como factores  contextuales influyen en las vidas de las personas.

 

¿Y la relación entre capital social y salud?

Al igual que la soledad, el capital social también se ha estudiado en relación con la salud. Hoy, ya sabemos que está relacionado con menos mortalidad y mayor salud autopercibida, entre otros. Así mismo, distintos componentes del capital social también se han estudiado como indicadores de salud; la participación social -por ejemplo- está vinculada con menos sintomatología depresiva o más actividad física. Numerosos estudios observacionales así lo demuestran. Sin embargo, lo que no está tan claro, es si interviniendo en capital social (por ejemplo, promoviendo el apoyo social), podemos revertir estos efectos negativos en salud. Es decir, la soledad conlleva depresión, pero una vez la persona ya tiene depresión, podría ser que las intervenciones en soledad no sirvieran, o sí, pero hay que demostrarlo.  Un caso que sí que  tenemos bien estudiado es que favoreciendo el apoyo social de las personas cuidadoras se logra disminuir sus niveles de depresión.

 

La soledad conlleva depresión, pero una vez la persona ya tiene depresión, podría ser que las intervenciones en soledad no sirvieran

 

En tu tesis mencionas la teoría del empoderamiento de las personas para abordar la soledad no deseada. ¿En qué consiste exactamente y por qué defiendes este modelo frente a otros?

Muchos autores pensamos que la soledad tiene que ver con el contexto social, con el edadismo, con la falta de un espacio propio y con el individualismo imperante. En este contexto se da un “desempoderamiento” de las personas, especialmente de las mayores. Hay otros autores que tienen una aproximación biologicista y cognitiva que estudia la soledad individual tanto a nivel cerebral como bioquímico. Su propuesta consiste en abordar la soledad como un asunto individual donde la propia persona cae en un círculo vicioso. Para ellos, es necesaria la terapia individual cognitiva, reestructurar la cognición de estas personas y que aprendan a adaptarse a estas circunstancias. Se trata de dos visiones opuestas, ambas sustentadas con investigaciones: los unos consideran que hay algo en el cerebro que no funciona bien y que se debe cortar con este bucle; los otros, donde yo me identifico, consideramos que es el contexto social el que desempodera, entre otros, a mujeres mayores con su trayectoria de vida, especialmente en países como el nuestro.

Particularmente abogo por modelos de intervención que buscan empoderar a las personas mayores como el de Finlandia, que además se sustentan en demostraciones de evidencia clarísimas . Lo hemos podido observar en intervenciones grupales con mujeres solas donde las entrevistas cualitativas posteriores recogen comentarios como “ahora mi vida tiene sentido” o “antes mis hijos me obligaban a ir los domingos a comer para no estar sola y ahora soy yo la que los llamo  y les digo que no voy a comer con ellos porque me voy con mi amiga”.

 

La soledad tiene que ver con el contexto social, con el edadismo, con la falta de un espacio propio y con el individualismo imperante

 

¿Es un modelo aplicable también en entornos residenciales?

En entornos residenciales yo diría que pasan cosas distintas. Una gran proporción de personas tiene deterioro cognitivo y un alto grado de discapacidad física también. Por otra parte, estas personas no están viviendo aisladas, sino que justamente comparten vivienda con muchas otras. Este tema toca con falsas creencias que forman parte del imaginario colectivo tipo “si estás solo te sientes solo” o “si estás en grupo no puedes sentirte solo”. De hecho, ha costado mucho derrumbarlas. El modelo de empoderamiento también se puede aplicar aquí. Tuve la ocasión de visitar residencias en Finlandia. Allí, son pequeñas unidades de convivencia y no tienen nada que ver con lo que nosotros concebimos como residencia. Tienen un comedor muy grande con cocina abierta de forma que la cocinera está viendo a todas las personas y forma parte de la cotidianidad. Hay distintos tipos de sofás, animales de compañía, las habitaciones están personalizadas con muebles y cuadros que se han traído las propias personas mayores. Está claro que este modelo facilita las relaciones sociales. En nuestro país se están desarrollando muchos programas piloto que caminan en esta dirección, creo que vamos hacia aquí.       

 

Para acabar una pregunta algo más personal. ¿qué motiva a una médica a escribir una tesis de salud pública con el título, “Soledad, apoyo social y participación de las personas mayores desde una perspectiva de salud”?

Mi interés por el envejecimiento vino por mi relación con mis abuelos. Con ellos me empezó a interesar la investigación y, específicamente, la geriatría. Estuve unos años investigando en Alemania y hice un posgrado de Medicina del Envejecimiento en Suiza. Una de las profesoras era Kaisu Pitkala, la directora del estudio Círculo de Amigos en soledad que he mencionado antes. Un día nos hizo una presentación en la que ella no hablaba, básicamente nos mostró fotos y frases de su estudio. Mi reacción fue ponerme a llorar. Me emocionó profundamente, más que cualquier otra cosa relacionada con el envejecimiento que siempre me ha apasionado.

Un tiempo después me tocó hacer una presentación. Se sortearon los temas y me tocaron las relaciones sociales. Esto me permitió profundizar en este aspecto y todo lo relacionado. Al regresar a Barcelona, me incorporé en lo que entonces era el Institut de Envelliment y empecé a trabajar con Mercè Pérez Salanova. En un momento dado, empezamos a trabajar un proyecto sobre la soledad, pero era un tema que no se relacionaba para nada con la salud en ese momento. De hecho, me sorprendió descubrir que sí había artículos académicos al respecto. En ese momento decidí cambiar mi tema de tesis y dejar los temas médicos geriátricos. Pero pensaba que era una tesis en soledad debía ser de psicología social ¡y yo era una doctoranda en salud pública! Tardé unos años en entender que evidentemente podía encajar, que una cosa tenía que ver con la otra y que la soledad estaba relacionada con la salud. Hoy creo que mi aportación consiste precisamente en esto, en dar rigor científico a estos temas tan psicosociales y propios del envejecimiento, en publicarlos y difundirlos para intentar mejorar la vida de las personas.  

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